Confianza

Testimonios: cómo pedirlos y dónde ponerlos

Un testimonio genérico no convence a nadie. Uno que menciona el problema concreto que tenía el cliente convence más que toda tu página junta.

Qué distingue a uno que sirve

«Excelente servicio, muy recomendados» no aporta nada: podría haberlo escrito cualquiera sobre cualquiera. El que sí funciona cuenta una historia mínima:

«Llevaba tres semanas con una filtración que nadie encontraba. Vinieron el mismo día, la ubicaron en dos horas y no me dejaron el baño destrozado.»

Problema, acción, resultado. Con eso, quien lo lee se reconoce en la situación — y ese reconocimiento es lo que vende.

Cómo pedirlo sin incomodar

Pide justo cuando el cliente está contento: al terminar el trabajo, no tres meses después. Y no preguntes «¿me dejas un testimonio?», porque obliga a la otra persona a redactar. Haz preguntas concretas:

  • ¿Qué problema tenía antes de llamarme?
  • ¿Qué le preocupaba antes de contratar?
  • ¿Cómo quedó al final?

Las respuestas ya son el testimonio. Solo hay que ordenarlas y pedir permiso para publicarlas.

Dónde ponerlos

Repartidos, no amontonados. Un testimonio pierde fuerza en un muro de veinte y la gana justo al lado de la afirmación que respalda: el que habla de puntualidad, junto a donde prometes puntualidad.

Acompáñalos con nombre y, si se puede, ciudad o tipo de negocio. Un testimonio firmado «Cliente satisfecho» resta credibilidad en vez de sumarla.

Preguntas frecuentes

¿Puedo publicar el nombre completo de mi cliente?

Solo con su permiso. El nombre de pila y la inicial del apellido suele ser un buen punto medio, y basta para que se lea como real.

¿Qué hago si no tengo testimonios todavía?

Usa otras pruebas mientras llegan: fotos de trabajos, años en el oficio, cantidad de trabajos hechos. Y empieza a pedirlos desde el próximo cliente.

¿Quieres una página que haga todo esto bien?

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