Recibir visitas y no recibir mensajes es un problema distinto a no recibir visitas — y casi siempre más fácil de arreglar, porque el trabajo difícil ya está hecho.
Las seis causas, por frecuencia
- El contacto no se ve. Está al final, en letra pequeña o detrás de un menú. Si hay que buscarlo, no existe.
- No queda claro qué haces. El visitante no está seguro de haber llegado al sitio correcto y prefiere no preguntar.
- No hay precios, ni siquiera un rango. Ante la duda, la gente asume caro y se va.
- No hay pruebas. Nada indica que el negocio sea real: sin fotos propias, sin nombres, sin trabajos.
- La página no funciona bien en el celular. Hay que ampliar para leer, los botones quedan diminutos.
- El formulario está roto. Pasa más de lo que parece y no avisa: simplemente no llega nada.
Cómo averiguar cuál es la tuya
Dale tu página a tres personas que no conozcan tu negocio y pídeles una sola cosa: que la miren treinta segundos y luego te digan a qué te dedicas y cómo te contactarían.
Si dudan en cualquiera de las dos, ya sabes por dónde empezar. Esta prueba cuesta diez minutos y descubre más que cualquier análisis.
Revisa el celular primero
La mayoría de tus visitas llega desde un teléfono, y muchas páginas se diseñan mirando un monitor grande. Ábrela en tu propio celular, con datos móviles y no con la red de la casa, y haz el recorrido completo hasta enviar un mensaje.
Si algo te incomoda a ti, que conoces la página de memoria, a un desconocido lo expulsa.
Preguntas frecuentes
¿Cuántas visitas debería tener antes de preocuparme?
Con muy pocas visitas al mes no hay datos suficientes para concluir nada; el problema entonces es de visibilidad, no de la página. La conversión empieza a decir algo cuando el flujo es constante.
Recibo mensajes pero de gente que no puede pagar. ¿Qué reviso?
Falta filtro: publica rangos de precio y deja explícito a qué tipo de trabajo te dedicas. Menos consultas y mejores es un buen resultado.
¿Quieres una página que haga todo esto bien?
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